Sedentarismo y salud muscular

Autores/as

  • Juliana Mociulsky Centro de Obesidad, Diabetes y Nutrición (CODYN), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Palabras clave:

sedentarismo, salud muscular, diabetes

Resumen

El sedentarismo constituye un determinante independiente del riesgo cardiometabólico y debe diferenciarse de la inactividad física. Mientras el sedentarismo se define como el tiempo de vigilia transcurrido sentado o reclinado con un gasto energético ≤1,5 METs, la inactividad física corresponde al incumplimiento de las recomendaciones de ejercicio. En consecuencia, un individuo puede alcanzar las metas de actividad física y, simultáneamente, permanecer expuesto a períodos prolongados de sedentarismo, con efectos fisiológicos adversos que no son completamente revertidos por el ejercicio programado.

El músculo esquelético representa el principal órgano efector del sedentarismo. La reducción sostenida de las contracciones musculares disminuye el flujo sanguíneo y la actividad metabólica, favoreciendo pérdida de masa y fuerza muscular, menor capacidad oxidativa mitocondrial y un cambio del fenotipo de fibras oxidativas hacia fibras predominantemente glucolíticas. Estas modificaciones se acompañan de una disminución de la actividad de la lipoproteína lipasa y de otros mecanismos involucrados en el metabolismo lipídico, así como de una reducción de mioquinas con propiedades antiinflamatorias, favoreciendo un estado de inflamación crónica de bajo grado y mayor adiposidad visceral.

Desde el punto de vista metabólico, el desuso muscular induce una rápida disminución de la sensibilidad a la insulina, con menor captación de glucosa mediada por GLUT-4, incremento de la glucemia e insulinemia posprandiales y mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Asimismo, el sedentarismo se asocia con alteraciones de la perfusión cerebral y potenciales efectos desfavorables sobre la función del sistema nervioso central, posiblemente mediados por mecanismos vasculares e inflamatorios.

La evidencia experimental demuestra que interrumpir el tiempo sentado mediante pausas activas breves, de aproximadamente 2 a 3 minutos cada 20–30 minutos, mejora la respuesta glucémica e insulínica posprandial, favorece la función vascular y aumenta el gasto energético. En conjunto, estos hallazgos respaldan un cambio de paradigma en las recomendaciones de salud: además de promover el ejercicio regular, es necesario reducir el tiempo sedentario e incorporar interrupciones frecuentes del tiempo sentado como estrategia complementaria para preservar la salud muscular y disminuir el riesgo cardiometabólico.

Biografía del autor/a

Juliana Mociulsky, Centro de Obesidad, Diabetes y Nutrición (CODYN), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Médica Endocrinóloga, Directora del Centro de Obesidad, Diabetes y Nutrición (CODYN)

Citas

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Publicado

01-10-2026

Número

Sección

4 VOCES EN 10 MINUTOS parte 6